HISTORIA

La primera vez que aparece el nombre de Huerta como tal, es en un documento fechado en Toledo el 14 de noviembre de 1183, en el cual, Alfonso VIII dona a la catedral de Cuenca "...la aldea de Orta, totam et integram... con todo su término y todas sus pertenencias para tenerla libremente y para siempre”. Pero los orígenes de Huerta hay que buscarlos mucho más atrás en el tiempo.

Los primeros vestigios que encontramos en su término datan posiblemente del Neolítico, concretamente en el "Cerro de la Talayuela", donde no se aprecian restos de fortificación, pero sí gran cantidad de piedras en las laderas del cerro, sobretodo en la parte este, que podrían ser de muros o de viviendas. Estas características nos hacen suponer que fue un asentamiento permanente, aunque también podría ser ubicado dentro del Bronce Medio (1300 a. de C.) por las características de ubicación, visibilidad, su forma geomórfica, por las formas de las cerámicas y por la ausencia de asas de las mismas, siendo en este periodo donde tendría el máximo desarrollo.

En el paraje conocido como "El Hocino" hay restos de un pequeño asentamiento de la Edad del Hierro, en donde aparecieron restos de fíbulas de la Carpetania, desgraciadamente incompletas. En las laderas del castillo debió de haber un asentamiento ibérico (200-100 a. de C.), que aunque no se ha excavado todavía, la aparición en superficie de cerámica de gran calidad, realizada a torno y con decoración geométrica y pintura fijada directamente sobre la superficie de los vasos, nos hablan claramente de un asentamiento de procedencia ibérica.

En el denominado "Huerto del Médico", hay restos de una villa romana altoimperial, que debió tener cierta importancia, dada la calidad de las cerámicas de lujo que aparecen en superficie, terra sigillata subgálica e hispánica, monedas que abarcan desde el Alto Imperio hasta los últimos emperadores del Bajo Imperio, restos de mosaicos y otros vestigios. Este asentamiento pudo ser el núcleo original de la primitiva Huerta (Orta), que posteriormente se trasladó a la ubicación actual, como ocurrió en gran cantidad de villas de nuestra provincia.

El mundo visigodo fue, de hecho, una continuación del mundo romano. En las Hitaciones de Wamba, Huerta está situada en la Diócesis de Segóbriga. En el despoblado de San Roque, se conservan los restos de un arco excavado en la roca que podría ser de origen visigodo, posiblemente de un santuario.

Los musulmanes dotaron a Huerta de castillo y la fortificaron, seguramente para defender el curso del Záncara junto a Zafra. Huerta perteneció casi siempre al distrito de Huete, que tras la pérdida de importancia de la Kura de Santaver, pasó a ser la plaza más importante. Los restos musulmanes que se conservan son escasos. Tan sólo el castillo presenta unas trazas claramente musulmanas, posiblemente del siglo X, en el que destacan sus torres pentagonales en forma de espolón, realizadas así para evitar un flanco de ataque. La torre del homenaje es muy posterior y está fechada en 1473. En ella destaca una leyenda que habla de la construcción de la misma por Gabriel Condulmario, arcediano de Alarcón, por mandato de Jacobo de Véneris, tío suyo, que para apaciguar las luchas de Castilla (Guerra de Sucesión entre Isabel la Católica y Juana “La Beltraneja”), fue enviado por la Sede Apostólica a la sede de León y después a la de Cuenca.

La reconquista de Huerta fue llevada a cabo por Alfonso VII, seguramente entre 1144 y 1147, unos años antes de la toma de Cuenca, llevada a cabo por Alfonso VIII en 1177. Este rey fue el que comenzó la repoblación, con colonos del norte y franceses. Huerta debió de ser colonizada entre 1182 y 1187, seguramente por vascos y navarros. Una de las curiosidades es que el patrón de Huerta es San Mamés, patrón también de Bilbao.

Alfonso VIII, donó a la catedral de Cuenca las villas de Huerta, Abia, Villarejo Sobrehuerta, Villarejo Seco y Poveda, así como las aldeas de Malpesa y Cañada del Manzano, con las que se constituyó el feudo episcopal de la Obispalía, de la que Huerta fue su cabeza, siendo su primer señor el obispo de Cuenca don Juan Yáñez. Posteriormente Alfonso VIII confirmó dicha donación a San Julián, en documento fechado en Burgos el 11 de abril de 1198.

Imagen de la iglesia y el castillo

En un documento de 15 de agosto de 1259, Alfonso X el Sabio, cede Huerta y sus aldeas a doña Mayor Guillén de Guzmán, su amante, con la que tuvo una hija a la que llamó Beatriz.

En 1346, otro documento nos dice que el castillo de Huerta estaba empeñado en poder de Don Juan Manuel y hubo que pagar 60.000 maravedíes para recuperarlo.

Posteriormente, el castillo fue residencia del Canónigo Juan del Pozo, a cuyas expensas se edificaron el convento de san Pablo de Cuenca y el primitivo puente de piedra, desgraciadamente desaparecido y construido en hierro posteriormente. Por tomar partido por "Los Comuneros", se le hizo proceso en 1521 y se le destituyeron sus posesiones en Huerta y, entre ellas, especialmente su castillo.

El 15 de febrero de 1579, Felipe II concede autorización para desmembrar Huerta de la Obispalía de la Jurisdicción Episcopal, vendiéndose con todos sus derechos y jurisdicciones a los vecinos del pueblo, en dos millones y quinientos cincuenta y ocho mil seiscientos doce maravedíes y medio. En esta venta no entraba el castillo por ser demasiado caro.

A principios del siglo XVIII, debido a la crisis económica y social, Huerta cambió de titularidad y pasó de ser una villa de realengo, a convertirse en un vizcondado en 1711, siendo su señor Francisco Vicente de Borja y Muñoz de Castilblanque y Carrillo, I vizconde de Huerta.

La última noticia que tenemos del castillo documentalmente hablando, es de 1845, extraído del Ebro de la Desamortización de la tierra eclesiástica de Cuenca, de Félix González Marzo, en la que dice que Don José María Izquierdo, de vecindad y ocupación desconocida, compró un castillo y una pequeña porción de tierra, aledaña al mismo, en Huerta de la Obispalía, por un importe de 4.004 reales de vellón.

Los monumentos más importantes de Huerta son la Iglesia de la Asunción, de estilo renacentista, de una sóla nave y portada plateresca, comenzada a construir durante el obispado de Don Diego Ramírez de Villaescusa, siendo abandonada durante algunos años tras la muerte del mecenas y retomadas las obras en 1569. Se notan las diferencias de ambas épocas en la construcción. En 1773 todavía no se había terminado de abovedar. En 1782, el obispo Solano autoriza a terminar la bóveda con dinero del Libro de Fábrica.

La ermita de San Mamés, edificada a finales del siglo XVI, tenía en origen tres naves y estaba cubierta con un magnífico artesonado de madera de nogal. La comenzó a edificar Pedro Urriaga hacia 1590, pero su fallecimiento supuso que se adjudicaran las obras a Juan de Prabes, aparejador de Francisco de Luna, maestro de obras de la catedral de Cuenca y del convento de Uclés, poniéndose a trabajar en ella en 1594.

La ermita de La Fuensanta debe ser del siglo XVII, aunque no tenemos documentos que lo atestigüen. En 1664 ya se cita esta ermita en el Libro de Visitas Eclesiásticas. En 1875 fue restaurada en su totalidad y probablemente ampliada. La ermita tiene buena fábrica exterior y lo más interesante de la misma es la cabecera, rematada con cúpula de media naranja y una sencilla portada con arco de medio punto. Tuvo casa de santero, anexa a la misma. La festividad de la Virgen de la Fuensanta se celebra el 7 de septiembre con una romería y el reparto de la caridad.


Carlos y Juan Carlos Solano,
de su libro "Huerta, Cabeza de la Obispalía"

Escudo de Huerta de la Obispalía
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