ERMITA DE SAN MAMÉS

El patrón de Huerta es San Mamés, cuya festividad, 17 de agosto, no se celebraba desde hace mucho tiempo. Hace unos pocos años, tras la publicación del libro “Huerta, Cabeza de la Obispalía”, en la que se daba un toque de atención sobre este hecho, los vecinos, encabezados por la Asociación Cultural “El Candil” han restituido la tradición adquiriendo una imagen del santo y sacándolo en procesión cada 17 de agosto. Quizá este santo, patrón también de ciudades del norte como Bilbao, llegara a Huerta con la repoblación del territorio, ya que muchos de estos lugares fueron ocupados por colonos del norte al quedar casi desiertas estas tierras tras la reconquista a los árabes. Se conserva su esplendida ermita del siglo XVI.

La leyenda cuenta que San Mamés fue arrojado a los leones a causa de su fe cristiana, sin embargo las fieras no le hicieron ningún daño, por lo que le dieron muerte con una lanza. Se representa como joven mártir, con cayado de pastor, con crucifijo, ciervo, león, libro y palma. Es el patrón de las nodrizas y los animales.

Imagen de la ermita de San Mamés Imagen de la ermita de San Mamés Imagen de la ermita de San Mamés

Edificada a finales del siglo XVI, la ermita de San Mamés yergue todavía, su majestuosa silueta en las afueras de Huerta, junto al camino que va a Villarejo Sobrehuerta, conocido también como "El Boleo".

Es de planta rectangular y en otro tiempo, según consta en el contrato, tuvo tres naves y se cubría con un espléndido artesonado de madera de nogal. La fachada de poniente tiene una puerta de medio punto y a sus lados, unas ventanas dispuestas a distinta altura. En la pared de mediodía, abre una puerta sobriamente decorada, con un arco enmarcado por unas pilastras y un entablamento.

El maestro de cantería Pedro de Urriaga, que figura como vecino de Huerta en 1590 comenzó a construir la ermita y cuando murió, su viuda María López, quiso continuar la obra. El mayordomo de la ermita se opuso a este deseo por lo que la viuda de Urriaga entabló pleito contra él.

Durante el tiempo que transcurrió entre la muerte del maestro de cantería, que debió de producirse el 13 de agosto de 1591 o 1592 y la fecha del pleito, que fue en 1594, el mayordomo sacó a pública subasta la obra que fue, finalmente, adjudicada a Juan de Prabes, Aparejador de Francisco de Luna, que fue maestro de obras de la Catedral de Cuenca y del convento de Uclés, el cual, después de haber firmado las condiciones y presentado sus fiadores, el 9 de diciembre de 1593 se puso rápidamente a trabajar en la ermita, y al frente de ella estaba cuando en la Audiencia de Cuenca se celebró el juicio promovido por la viuda de Urriaga, el cual ganó y a la que debieron de pagar la parte proporcional del trabajo realizado por su marido en la obra de la ermita.

Imagen de la ermita de San Mamés Imagen de la ermita de San Mamés Imagen de la ermita de San Mamés

Existe un documento fechado en 1740 en el que se entabla pleito contra el sacerdote de Huerta D. Gabriel Millán Molina por haber reparado el artesonado de la ermita, que estaba deteriorado, con fondos de las Ánimas Benditas. Enterado el Tribunal del Santo Oficio por la denuncia de algún vecino, se presenta en Huerta para verificar que los hechos son ciertos. Al comprobar que, efectivamente, así es, sentencian desmontar de nuevo las traviesas de nogal que se habían reparado y las dejan en depósito del apeador Juan López Solano, mientras que el párroco, Don Gabriel Millán Molina que ya se había trasladado a la iglesia parroquial de Jábaga, ingresa en la cárcel de la Corona, de la que sale el 15 de noviembre de 1746.

Pasado el tiempo, el citado apeador y en alguna época también alcalde la de la villa de Huerta, vendió las tablas que tenía en depósito, lo que le ocasionó otro pleito con la Inquisición que le costó 9000 reales de plata de multa. Debió pagarlos, aunque era una gran cantidad para la época, porque en documentos posteriores se le sigue mencionando como apeador y como alcalde.

Estos pleitos se conservan en el Archivo Histórico Provincial, nos dan una idea de que en ese periodo de nuestra historia, nada se podía hacer sin que escapase a los oídos siempre alerta de la Inquisición, pero que por otra parte, nos sirven ahora para conocer datos importantísimos de nuestro pasado, que de otra forma no hubieran trascendido hasta nuestros días.

Escudo de Huerta de la Obispalía
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